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LA MÚSICA EN EL PROCESO DE CURACIÓN

El texto que sigue y que tiene el título "LA MÚSICA EN EL PROCESO DE CURACIÓN" es un fragmento del artículo "LA FUNCIÓN TERAPÉUTICA DE LA MÚSICA" publicado en catalán en Catalunya Música/Revista Musical Catalana, nº 107. Septiembre 1993. Pág. 24-27. Barcelona. Este artículo, que formaba parte de una sección de la revista dedicada de forma monográfica a la Musicoterapia, expone algunos de sus principios y defiende su eficacia como herramienta terapéutica.

TEXTO:
La música es la expresión del ser humano: la persona manifiesta así sus sentimientos, sus inquietudes, en definitiva todo su mundo interior, siempre en un lenguaje no verbal. La música nos llega como un conjunto de sonidos armónicamente combinados que se ponen en contacto directo con nuestras emociones, con nuestra imaginación, con nuestra intuición, sin la ayuda de las ideas prefijadas; pone en movimiento nuestra energía, nuestra capacidad de "ser" (no de pensar). Nuestro cerebro está dividido en dos partes, hemisferio derecho y hemisferio izquierdo, cada uno de los cuales tiene una función igualmente importante. El lado izquierdo es (en el caso de los diestros) el hemisferio verbal, el encargado de la lógica y la estructura del lenguaje; es analítico y racional (el aspecto masculino de la persona). La parte derecha controla las facultades opuestas: permite la visión de conjunto, la estructuración de conceptos superiores, la abstracción, la fantasía y la imaginación (parte femenina). Entre los dos hemisferios existe un intercambio constante de datos a través del cuerpo calloso que los une. El lenguaje, pues, nos llega a través del hemisferio izquierdo mientras que para escuchar o hacer música utilizamos el derecho.
Es evidente que ninguno de estos hemisferios es más importante que el otro y que el equilibrio de la persona pasa por la unión y aceptación de los aspectos masculinos y femeninos (que no son opuestos sino complementarios) o, dicho en otras palabras, por la superación de la polaridad y la consecución de la unidad. Pero también es cierto que la valoración de las capacidades humanas ha variado mucho. Las civilizaciones que han logrado un grado más alto de progreso a todos los niveles han sido aquellas que han sabido armonizar la intuición con el conocimiento. En el momento en el que vivimos estamos saliendo de una época fundamentalmente racional y vamos nuevamente hacia la superación de las polaridades, hacia la integración de la persona.
La música cumple un papel muy importante en este proceso de integración (de curación) porque nos ayuda a estimular la parte intuitiva e imaginativa tan faltada de atención hasta ahora. Nos devuelve a las fuentes esenciales del individuo y permite la comunicación en un estadio puro, sin conceptos, sin estructuras predeterminadas. Con la música nos conectamos de nuevo con los ritmos de la naturaleza, abrimos los canales de comunicación con nosotros mismos y con el entorno. Si escuchamos la música sin pensar, sin analizar y con plena consciencia podemos llegar a la experiencia sublime de fusión total con el universo.
Este fenómeno se da no tan sólo cuando escuchamos, sino principalmente cuando hacemos música, porque la creación, en sí misma, es siempre un acto curativo, un acto de autorrealización, en definitiva, un acto divino. El objetivo es expresarse y comunicarse a través de la música, sin un análisis crítico y estético del resultado. Claro está que si lo que buscamos es una obra de arte recorreremos a los músicos y compositores; pero ahora hablamos de la utilización terapéutica de la música y en este terreno todos tenemos las capacidades necesarias por crear.
La música nos transporta a mundos imaginarios de los cuales volvemos con una visión más completa de la realidad; después podemos entender qué nos ha pasado o definir lo que hemos experimentado, pero el momento en el que conectamos con la música no tiene palabras ni conceptos, no existen el tiempo ni el espacio; sencillamente somos y esto es una experiencia que nos transforma, que nos hace entender la vida desde una perspectiva más elevada y más auténtica.

